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Sucede que a veces la vida mata.

Hoy bailo contigo. Hoy, revolución.

Permíteme este encuentro. Vamos a hablar de la vida, de la melancolía y los aleluyas, de los sollozos y de la fragancia que empolva nuestra existencia.

¿Dónde está el límite? ¿En el cielo? ¿En el horizonte? Posiblemente algo más lejos. Hay huellas hasta en la luna.

Para mí la pregunta obligada no es dónde está el límite o cuánto queremos abarcar, sino en dónde no queremos quedarnos y cuanto necesitamos para disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Porque se trata de disfrutar de las pequeñas cosas que nos permite nuestro camino. Un día, comprenderemos que las cosas más grandes que nos han ocurrido, han sido las más pequeñas. Pero sucede que a veces la vida mata, y eso no nos gusta, cómo nos va a gustar.

¿Qué es Pro Evolution Soccer? ¿Cuál es su límite y a dónde puede llegar?

¿Queréis que os diga lo que pienso?

Qué más da. Lo importante no es lo queremos que las personas, objetos o experiencias sean, sino lo que son. Y Pro Evolution Soccer es lo que es, una experiencia, podemos querer que llegue al cielo, al horizonte o a Marte, yo lo único que veo es que hoy Pro Evolution Soccer está aquí, pidiéndonos baile pero nosotros tenemos ganas de matar, de ponernos el cilicio a la pierna y quemarnos la vida, sin darnos cuenta que Pro Evolution Soccer es como es, con sus perfecciones y sus imperfecciones, y que si hoy no queremos aceptar el baile, simplemente no bailaremos esta noche. Pero es que sucede a veces que la vida mata. Y nos preguntamos por qué.

La vida mata cuando dejamos de creer en lo que vemos para llorar por lo que no vemos.

Hoy nos han mostrado Pes 2017. Pro Evolution Soccer se ha acicalado para la cita, trae doscientos detalles nuevos para mostrarnos, pero qué va, lo que realmente nos llama la atención es esa pequeña mancha que tiene bajo la mejilla y esos tacones sobre los que no sabe moverse con toda la agilidad que nos gustaría.

Hoy Pes se ha presentado a la cita con doscientos detalles pero nos empeñamos en tapar el sol con el dedo a cuarenta grados a la sombra, como tratando de ocultar la evidencia, que no es otra más que hoy Pes se ha presentado de gala, nos ha pedido baile, y solamente hemos tenido la osadía de creer que no se merece un baile con nosotros por esa dichosa manía de resaltar lo poco malo sobre lo mucho bueno, porque la vida sería aburrida si todo fuera bonito, porque tenemos que ponernos piedras en el camino cuando no nos las ponen otros, y porque somos tan embusteros de creer que somos el capote que hace bailar al astado.

 Lo más curioso de todo es que hemos acudido de gala al baile, como pretendiendo que sea una noche de ensueño, como diciendo, no me interesas pero yo quiero darme el capricho de pensar que a lo mejor sí me interesas. Nosotros no tenemos límites, no tenemos que avanzar, ya somos la perfección, y como tal, solamente aceptamos la perfección, sin saber, que no hay nada más terrible que no darnos cuenta de que a veces la vida mata cuando dejamos de creer, cuando dejamos de disfrutar, cuando sacamos el sacapuntas y afilamos el lapicero, intentando que la punta sea cada vez más y más fina, hasta que de pronto no queda más lapicero, y la noche se acaba.

¿En qué momento el videojugador ha tirado su ilusión a la papelera? ¿En qué momento esta industria se ha llenado de eruditos, de graphic whores y de pataletas? Me cuesta creer que muchos de nosotros llevemos bailando más de 25 años y hoy nos neguemos a saludar si quiera a Pro Evolution Soccer.

Hemos empezado a hilar tan fino que hemos dejado de disfrutar de la vida, hemos dejado aparcada la ilusión porque eso es algo que solamente se puede permitir uno cuando tiene 8, 12 o 19 años. Con 28 años se le tendría que caer la cara de vergüenza a alguien por ser tan temerario de permitirse soñar y confiar. ¡Por favor! Soñar en estos tiempos, la imprudencia de algunos no conoce límites.

Hemos empezado a hilar tan fino que nos hemos clavado la aguja y ya no duele. Porque la vida mata y entonces ya no duele nada. Aunque eso sí, tampoco se disfruta nada. Anestesiados, nos vamos sin permitirle el baile a esta bella dama que venía con doscientos detalles que impresionarnos mas esa mancha bajo la mejilla nos ha impedido ver sus intenciones.

Y así caminamos de vuelta a casa, engalanados, con apenas rasguños en la chaqueta y orgullosos de haber sobrevivido a soñar. ¡Qué bien sabe esta frialdad! ¡Qué a gusto se está en nuestra butaca, cargados de orgullo por mantener encarcelada la ilusión en nuestro interior! ¡Qué rico el sabor de la venganza! Pro Evolution Soccer no nos merece. Ha intentado seducirnos por enésima vez pero qué va, ya no. Ahora somos de piedra. Sucede que ahora no sentimos. Sucede que a veces la vida mata.

Pero también sucede, que a veces, sin saber cómo ni dónde, algo nos eriza la piel y nos levanta del asiento.

Tened cuidado de no romper vuestra coraza de piedra del salto, de no hacer añicos vuestra careta de metacrilato, porque Pro Evolution Soccer aún tiene un as en la manga que se llama Demo, y del plastazo que nos puede dar, ni la más férrea de las rocas en la escala de mohs soportará tal golpe. No es una amenaza. Es un consejo. Si la vida nos mata, que al menos sea de placer, ¿no?

Carlos González Bravo (Kurosaki Carlos)

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